La sociedad atraviesa un cambio de paradigma en su relación con el entorno digital, encaminándose hacia lo que el escritor Kyle Chayka denomina “publicar cero”. Según una encuesta reciente, casi un tercio de los usuarios de redes sociales han reducido su actividad de publicación en comparación con el año anterior, un fenómeno particularmente notable entre los adultos de la Generación Z. Este desinterés surge en un contexto donde las plataformas, antes percibidas como extensiones de la vida social, se han transformado en catálogos de contenido mercantilizado, anuncios y publicaciones de influenciadores. Chayka sugiere que para el usuario promedio ya no resulta valioso compartir su cotidianidad en un espacio saturado por algoritmos que priorizan la publicidad y el consumo pasivo sobre la conexión humana orgánica.

El análisis plantea que las redes sociales están perdiendo su esencia relacional para asemejarse cada vez más a la televisión tradicional, donde el usuario es un espectador pasivo de marcas y contenido profesional. El temor a la exposición pública y las consecuencias de la viralidad han roto el antiguo contrato social digital, desplazando las interacciones hacia espacios privados como grupos de WhatsApp o mensajes directos. Los expertos señalan que, ante la falta de incentivos para publicar y la creciente presencia de contenido generado por inteligencia artificial, la conversación digital se volverá más íntima. Este retorno a la privacidad refleja un agotamiento del modelo de exposición pública de la década pasada, sugiriendo que la necesidad de compartir cada detalle de la vida personal podría haber sido una anomalía histórica que hoy empieza a desvanecerse.








