La captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores el pasado sábado no solo fue un despliegue de fuerza física, sino un triunfo de la superioridad tecnológica. En el centro de la operación, denominada “Resolución Absoluta”, destacó el papel del EA-18G Growler, una aeronave especializada en guerra electrónica que neutralizó por completo las defensas antiaéreas de Venezuela. Con una flota masiva de 150 aeronaves apoyando la incursión, los Growler se encargaron de saturar los radares y bloquear las comunicaciones militares, permitiendo que bombarderos y helicópteros de extracción operaran sin ser detectados por los sistemas de vigilancia de Caracas.
Según reportes de Wall Street Journal, los Growler ejecutaron tácticas de interferencia (jamming) que localizaron y “cegaron” los sensores del sistema de defensa venezolano, el cual depende de tecnología suministrada por Rusia y China en décadas pasadas. Al saturar las frecuencias de radio y radar, los pilotos estadounidenses crearon blancos falsos en las pantallas enemigas, simulando múltiples aeronaves inexistentes para confundir a los operadores locales. Esta desconexión total impidió que las fuerzas leales a Maduro coordinaran una respuesta defensiva, dejando el complejo militar vulnerable al asalto terrestre.








