Moacyr Pinto, una de las leyendas más brillantes que ha pisado las canchas ecuatorianas, permanece internado desde la semana pasada en el Hospital General Guasmo Sur de Guayaquil. El brasileño, de 89 años, ingresó con un cuadro de neumonía y complicaciones cardiacas que mantienen su estado de salud bajo pronóstico reservado. A pesar de su trayectoria inigualable como campeón del mundo en Suecia 1958 junto a Pelé y Garrincha, el exvolante enfrenta este crítico momento en una situación de abandono institucional, contando únicamente con el respaldo moral de algunos de sus excompañeros de Barcelona SC.
La trayectoria de Moacyr en Ecuador es fundamental para entender la evolución del fútbol local. Tras brillar en el Flamengo y River Plate, llegó al país en 1964 para unirse al Everest y posteriormente a Barcelona SC, donde se consagró campeón nacional en 1966 y fue catalogado por expertos como el mejor número 10 extranjero en la historia del club canario. Su legado se extendió al banquillo, pues como director técnico fue el artífice de la histórica primera clasificación de una selección ecuatoriana a un torneo de la FIFA, logrando el cupo al Mundial Sub-16 de Canadá 1987 tras un recordado Sudamericano en Perú.
Ante la gravedad de su estado, diversas voces del periodismo y el entorno deportivo han hecho un llamado urgente a la actual dirigencia de Barcelona SC, la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF) y la Agremiación de Futbolistas de Ecuador para que brinden ayuda efectiva al exjugador. En Brasil, su nombre figura en el salón de la fama del Flamengo junto a figuras como Zico y Zagallo; sin embargo, en el país donde decidió radicarse hace seis décadas, su figura parece desvanecerse para las nuevas generaciones. El pedido de sus allegados es claro: retribuir con dignidad y asistencia médica una parte de la gloria que el “crack” entregó al deporte nacional.








