El Pentágono emitió este martes 10 de febrero una directiva que clasifica como amenaza a los drones que realicen actividades de observación en instalaciones militares. A diferencia de las aeronaves no tripuladas de gran escala utilizadas en conflictos bélicos, esta medida se enfoca específicamente en los dispositivos de vista en primera persona, conocidos como FPV por sus siglas en inglés. Estos aparatos, valorados por su capacidad de vuelo sigiloso, podrán ser neutralizados por los comandantes incluso si se encuentran operando fuera de las vallas perimetrales que delimitan habitualmente las bases.
La nueva política otorga a los mandos militares la autoridad para decidir el método de ataque contra estos dispositivos, los cuales representan riesgos que van desde el espionaje hasta el transporte de artículos ilegales y armas. Además de las capacidades de vigilancia, el Pentágono advierte que estas incursiones pueden interrumpir espacios aéreos estratégicos y gestionar poder aéreo de forma no autorizada. Para garantizar el cumplimiento de esta normativa y reforzar la protección de los recintos, el Departamento de Defensa trabajará en coordinación con diversas agencias federales estadounidenses.








