El F-14 Tomcat, la icónica aeronave que la Marina de los Estados Unidos retiró oficialmente el 22 de septiembre de 2006, continúa siendo un factor de incertidumbre en la inteligencia del Pentágono este miércoles 21 de enero de 2026. La preocupación radica en Irán, país que adquirió un total de 79 unidades antes de la Revolución de 1979. A pesar de tener más de 50 años de antigüedad, el ejército iraní ha logrado mantener estas aeronaves mediante ingeniería inversa, fabricación de piezas locales y la canibalización de otros aviones, logrando que un caza de cuarta generación siga volando en un entorno dominado por la quinta generación.
Aunque los modernos F-35 son furtivos e invisibles al radar, los antiguos Tomcat poseen una ventaja táctica bruta: su velocidad. Capaces de alcanzar más de 2800 km/h, superan en un 40 por ciento la rapidez de los cazas más avanzados de Washington. El riesgo real para la defensa estadounidense no es solo la potencia de fuego, sino el desconocimiento absoluto sobre cuántas unidades mantiene operativas Teherán y qué tipo de mejoras electrónicas o de armamento han implementado los ingenieros iraníes durante las últimas décadas de aislamiento y sanciones.
La capacidad de Irán para fabricar componentes nuevos a partir de copias originales ha convertido al F-14 en una “amenaza latente” en Medio Oriente. Mientras Estados Unidos ha migrado totalmente a plataformas como el F-18 y el F-35, el Tomcat sigue siendo el centro de la defensa aérea iraní. Esta situación obliga a los estrategas militares a considerar escenarios donde la velocidad extrema de un diseño de los años 70 podría comprometer misiones de vigilancia o interceptar activos regionales en caso de una escalada de tensiones en la región.








