El USS Gerald R. Ford, el portaaviones más grande del mundo, cruzó el estrecho de Gibraltar para integrarse a las operaciones en el Mediterráneo, sumándose al USS Abraham Lincoln. Este movimiento consolida el mayor despliegue de poderío naval y aéreo de Estados Unidos en la región desde la invasión de Irak en 2003. La llegada del buque ocurre en un contexto de máxima presión sobre el régimen de Teherán, mientras el presidente Donald Trump evalúa la posibilidad de ejecutar ataques militares limitados si fracasan las negociaciones para frenar el programa nuclear iraní.
La movilización incluye una concentración inédita de cazas F-35 y sistemas de defensa Patriot, apoyados por bombarderos estratégicos en alerta máxima. Aunque la Casa Blanca sostiene que la diplomacia sigue siendo la prioridad, advierte que no permitirá que Irán alcance la capacidad de producir material nuclear bélico. Por su parte, Israel ha intensificado su coordinación militar con Washington, presionando para una acción preventiva antes de que Irán fortalezca su arsenal de misiles. El despliegue del Gerald Ford, tras participar en la captura de Nicolás Maduro en enero, refuerza la postura ofensiva estadounidense en el tablero internacional.








