La escalada del conflicto bélico en Irán ha generado una reacción inmediata en los mercados energéticos globales, elevando el precio del crudo West Texas Intermediate (WTI) —referencia para Ecuador— a $ 72,67 por barril. Este incremento del 8,43 % ocurre en un contexto de incertidumbre sobre el suministro a través del estrecho de Ormuz, punto estratégico por donde circula una quinta parte del petróleo mundial. Paralelamente, la OPEP+ anunció que aumentará la oferta global en 206.000 barriles diarios a partir de abril para estabilizar el mercado, aprovechando que las reservas internacionales se mantienen en niveles bajos.
Para Ecuador, este escenario presenta una dualidad: aunque el alza de precios mejora los ingresos fiscales frente a los $ 53,5 proyectados en el presupuesto, la capacidad de producción nacional sigue estancada. Actualmente, el país produce alrededor de 364.000 barriles diarios, lejos de la meta de los 500.000, debido a problemas operativos y eventos recientes como el incendio en la Refinería de Esmeraldas. La caída en la extracción, que se ha acentuado desde inicios de 2026, limita la posibilidad de que el Estado aproveche plenamente la bonanza de precios generada por la crisis en Medio Oriente.








