El abogado y exdiputado ultracatólico José Antonio Kast fue electo como nuevo presidente de Chile, consolidando la tendencia de líderes de extrema derecha en el panorama global. Su victoria marca un hito histórico al convertirse en el primer pinochetista en alcanzar el poder desde el retorno a la democracia. Kast logró remontar el segundo lugar obtenido en la primera vuelta de noviembre con el 23.9% de los votos, superando a su rival Jeannette Jara. A lo largo de su campaña, el líder del Partido Republicano aplicó una estrategia medida y monotemática, centrada en la tesis de que “Chile se cae a pedazos” y atraviesa una grave crisis de seguridad. Con el objetivo de ganar apoyo, evitó hablar en público de sus convicciones ultraconservadoras y dejó de lado propuestas de campañas anteriores, como la eliminación del Ministerio de la Mujer o la prohibición del aborto.

La promesa estrella de Kast es crear un “gobierno de emergencia” para aplicar una política de mano dura contra la delincuencia y blindar la frontera norte con vallas y zanjas. Su plan incluye la expulsión de los cerca de 340,000 migrantes irregulares que residen en Chile, advirtiendo que, si no abandonan el país voluntariamente, serán buscados y deportados, aunque no ha detallado la logística para aquellos que no sean recibidos en sus países de origen, como es el caso de Venezuela. En el ámbito económico, el político prometió un recorte fiscal de seis mil millones de dólares en dieciocho meses sin tocar el gasto social, una meta que ha sido calificada de imposible por economistas de diversos sectores. Kast, quien fue diputado por dieciséis años, fundó el Partido Republicano en 2019, tras abandonar la Unión Demócrata Independiente (UDI). Su estilo político es comparado con el de las derechas radicales populistas europeas, acercándose más a figuras como Giorgia Meloni en Italia que a la agresividad de Donald Trump o Javier Milei. Su elección pone fin al mandato de Gabriel Boric.








