Escocia enfrenta una situación crítica de movilidad y seguridad debido a la combinación de lluvias torrenciales y el rápido deshielo de la nieve acumulada. La Agencia de Protección Ambiental de Escocia (Sepa) ha activado 17 advertencias de inundación y 12 alertas adicionales en todo el territorio, con un riesgo especialmente elevado en las regiones de Dumfries y Galloway, así como en el oeste y norte del país. El impacto en la infraestructura de transporte ha sido inmediato: vías neurálgicas como la A92 en Aberdeenshire y la A9 en Blair Atholl sufrieron cierres totales, mientras que en Argyll y Bute, un deslizamiento de tierra bloqueó la carretera A815 cerca de Lochgoilhead.
La situación escolar también refleja la magnitud de la emergencia. Aunque la mayoría de los centros en Aberdeen y las Tierras Altas han reabierto, cerca de una docena de escuelas en Aberdeenshire permanecen cerradas tras una semana en la que cientos de instituciones suspendieron clases. El Consejo de Aberdeenshire, que llegó a declarar un incidente mayor la semana pasada, dio por finalizada esa fase de emergencia el domingo por la noche, aunque instó a la población a mantener la vigilancia. Las autoridades advierten que las condiciones para conducir seguirán siendo extremadamente difíciles debido al agua acumulada en terrenos bajos y zonas residenciales.
El Gobierno escocés, encabezado por el primer ministro John Swinney y la secretaria de Justicia Angela Constance, ha mantenido reuniones de resiliencia diarias para coordinar la respuesta con las agencias asociadas. Constance subrayó que, aunque las condiciones invernales más severas están remitiendo, el peligro de inundación persiste, por lo que se recomienda a la ciudadanía seguir de cerca los pronósticos y los avisos de viaje. La prioridad actual de los servicios de emergencia es la reapertura segura de las rutas bloqueadas y la protección de las comunidades vulnerables frente al aumento del caudal de los ríos.








