El conteo oficial de las elecciones presidenciales de Perú concluyó este viernes, 33 días después de la jornada electoral, al alcanzar el 100 % de las actas contabilizadas por los organismos electorales. Los resultados definitivos ratificaron que el país irá a una segunda vuelta el próximo 7 de junio entre la candidata de derecha Keiko Fujimori, líder del partido Fuerza Popular, y el aspirante de izquierda Roberto Sánchez, representante de Juntos por el Perú. El proceso de escrutinio se convirtió en uno de los más prolongados de la historia reciente debido a la masiva revisión de más de 5000 actas que fueron impugnadas u observadas por inconsistencias en los 60 jurados electorales especiales del territorio peruano.
De acuerdo con las cifras oficiales, Fujimori consolidó su primer lugar al concentrar el 17,18 % de los votos válidos (2877678 apoyos), mientras que Sánchez aseguró el segundo cupo para el balotaje con el 12,03 % (2015114 sufragios). La definición por el pase a la segunda vuelta se resolvió por una diferencia mínima de apenas 21210 votos sobre el candidato de ultraderecha Rafael López Aliaga, de Renovación Popular, quien culminó en la tercera posición con el 11,90 % (1993904 votos). Tras la publicación, López Aliaga solicitó formalmente suspender la proclamación de los resultados y denunció un presunto fraude —sin presentar evidencias— fundado en los retrasos logísticos que afectaron la apertura de las mesas de votación en Lima, su principal bastión electoral.
La contienda electoral de 2026 registró el mayor ausentismo y desatención civil de la época contemporánea al congregar una cifra récord de 35 aspirantes presidenciales simultáneos. Este escenario de profunda desafección hacia la clase política tradicional provocó que la sumatoria de los votos blancos y nulos alcanzara el 16,84 % de los votos emitidos (3418321 sufragios), un volumen numérico que superó de forma individual el caudal de apoyos obtenido por cualquiera de los candidatos en competencia.
El próximo balotaje definirá al mandatario que asumirá la conducción del país para el periodo constitucional 2026-2031, con la misión de mitigar una crisis institucional crónica que acumula ocho jefes de Estado en la última década. El panorama político se perfila como una reedición ideológica de los comicios de 2021; por un lado, la heredera política del expresidente Alberto Fujimori buscará revertir su historial tras haber perdido las últimas tres segundas vueltas consecutivas, mientras que Roberto Sánchez asumirá la representación del ala vinculada al encarcelado exmandatario Pedro Castillo, quien derrotó al fujimorismo en la última definición presidencial.








