El embajador de Estados Unidos en Israel, Mike Huckabee, generó una ola de indignación internacional al sugerir en una entrevista que Israel tiene derecho a poseer gran parte de los territorios de Medio Oriente, basándose en interpretaciones del Antiguo Testamento. Durante su intervención, Huckabee respondió afirmativamente a la premisa de que los descendientes de Abraham deberían controlar tierras que hoy pertenecen a naciones soberanas. Aunque el diplomático aclaró que Israel no busca activamente expandir sus fronteras actuales, sus palabras fueron interpretadas como un respaldo a la ocupación y a visiones expansionistas en una región marcada por conflictos territoriales históricos.
La reacción de las naciones árabes fue inmediata y contundente, con Egipto, Jordania y Arabia Saudí calificando la retórica de inaceptable y provocadora. La Liga de los Estados Árabes y la Organización de Cooperación Islámica denunciaron que estas posturas violan el derecho internacional y agitan sentimientos religiosos y nacionales peligrosos. Mientras tanto, el gobierno saudí exigió al Departamento de Estado de Estados Unidos una aclaración oficial sobre si estas declaraciones reflejan la política exterior de la administración de Donald Trump, quien previamente ha manifestado que no permitiría la anexión de Cisjordania.








