La ofensiva naval de Estados Unidos contra el comercio de crudo sancionado sumó un nuevo hito este viernes 9 de enero de 2026. La Guardia Costera interceptó e incautó el petrolero Olina, una embarcación identificada como parte de la “flota fantasma” que intentaba romper el bloqueo estadounidense tras zarpar de costas venezolanas. Con esta operación, ya son cinco los buques de gran calado detenidos en las últimas semanas en el marco de la estrategia de Washington para desmantelar las fuentes de financiamiento de actividades ilícitas vinculadas al régimen depuesto y a grupos irregulares en la región.
Kristi Noem, secretaria de Seguridad Nacional, fue enfática al señalar a través de sus canales oficiales que las flotas que operan bajo registros irregulares o identidades falsas no lograrán evadir la justicia. La funcionaria destacó que estas embarcaciones suelen escudarse en banderas de conveniencia o cambios de nacionalidad fraudulentos para transitar por aguas internacionales. “La Guardia Costera hará cumplir las leyes estadounidenses e internacionales, y eliminará estas fuentes de financiación para el narcoterrorismo”, afirmó Noem, vinculando directamente la comercialización de este petróleo con el sostenimiento de estructuras criminales transnacionales.
La captura del Olina refuerza la política de “tolerancia cero” anunciada por la administración de Donald Trump tras la incursión militar en Caracas. Analistas marítimos sugieren que estas incautaciones están generando una parálisis logística en los puertos venezolanos, ya que las empresas navieras temen la pérdida total de sus activos al intentar desafiar el patrullaje estadounidense. El buque incautado este viernes será sometido a un proceso de confiscación bajo las leyes federales, mientras se investiga la red de empresas de fachada que facilitaron su movilización desde Venezuela hacia mercados internacionales.








