La reciente operación estadounidense en Caracas, que resultó en la captura de Nicolás Maduro, no fue un despliegue de fuerza convencional, sino una sofisticada integración de capacidades tecnológicas. Según informes técnicos publicados por Interesting Engineering, la misión fue el resultado de meses de planificación estratégica basada en la recopilación de datos de inteligencia y el dominio del espectro electromagnético. El éxito de la incursión radicó en la capacidad de actuar con rapidez quirúrgica en menos de tres horas, minimizando la exposición de las fuerzas de asalto y neutralizando la respuesta defensiva del Estado venezolano.
La fase preparatoria incluyó la construcción de un “patrón de vida” exhaustivo del exmandatario. Mediante el uso de drones furtivos de alta tecnología y sistemas de inteligencia de señales, las agencias estadounidenses monitorearon los desplazamientos y rutinas de seguridad dentro de Fuerte Tiuna sin activar las alertas de los radares locales. Esta vigilancia constante permitió identificar la ventana de oportunidad exacta para la inserción. Antes de que el equipo de asalto tocara tierra, una ofensiva cibernética interrumpió infraestructuras críticas, incluyendo el suministro eléctrico, lo que inhabilitó la coordinación de las fuerzas venezolanas y dejó inoperantes sus sistemas antiaéreos.
En la fase ejecutiva, la aviación de operaciones especiales empleó helicópteros modificados que volaron a altitudes mínimas para aprovechar la orografía y el clima de la zona. Mientras aeronaves de interferencia electrónica cegaban los radares remanentes, cazas de combate aseguraban la superioridad aérea. A pesar de recibir fuego desde tierra, los sofisticados sistemas de contramedidas de las aeronaves estadounidenses permitieron completar la extracción sin bajas en sus filas, consolidando este evento como un hito en la aplicación de la guerra tecnológica moderna en misiones de alto valor.








