Investigaciones de Harvard y Verywell Health indican que tanto el zinc como la vitamina C son esenciales para el funcionamiento de las células inmunitarias, aunque sus aplicaciones difieren. La vitamina C actúa como un potente antioxidante que protege las células y favorece a los glóbulos blancos, demostrando mayor eficacia en la prevención de infecciones respiratorias en personas sometidas a estrés físico o frío extremo. Por otro lado, el zinc es fundamental para la síntesis de ADN y la activación de linfocitos, resultando más útil para acortar la duración de los síntomas del resfriado si se administra de forma temprana al inicio del malestar.

El uso de estos suplementos requiere precaución y supervisión médica para evitar efectos adversos significativos. Mientras que el exceso de vitamina C suele eliminarse por la orina, el consumo elevado y prolongado de zinc puede provocar déficit de cobre, anemia y alteraciones neurológicas. Las dosis recomendadas oscilan entre setenta y cinco y ciento veinte miligramos para la vitamina C, y de ocho a doce miligramos para el zinc. Los especialistas enfatizan que la elección del nutriente debe responder a un objetivo específico: la prevención mediante antioxidantes o la reducción del tiempo de enfermedad mediante la proliferación celular.








