El riesgo de una catástrofe ambiental en el Mar Báltico ha alcanzado niveles críticos. Según ocho simulaciones recientes publicadas por Greenpeace y basadas en datos científicos del Helmholtz-Zentrum Hereon, un derrame de crudo procedente de la “flota fantasma” rusa impactaría áreas costeras protegidas con una velocidad alarmante. La organización ecologista denuncia que Rusia emplea al menos 192 petroleros envejecidos y en deficientes condiciones de mantenimiento para evadir las sanciones internacionales, lo que convierte a estos buques en una amenaza latente para el ecosistema marino europeo en este viernes 20 de febrero de 2026.
Vulnerabilidad extrema del ecosistema báltico
El impacto de un vertido en esta zona sería significativamente más grave que en mar abierto debido a las características geográficas únicas del Báltico:
- Efecto de acumulación: Al ser un mar pequeño y casi cerrado, los contaminantes no se dispersan fácilmente, agravando la toxicidad del agua.
- Zonas en peligro: El petróleo alcanzaría rápidamente criaderos de peces y áreas de supervivencia para aves y mamíferos marinos desde Finlandia hasta Dinamarca, afectando también a Suecia, Alemania, Polonia, Estonia, Letonia y Lituania.
- Riesgo por obsolescencia: La falta de seguros adecuados y el estado precario de los 192 buques identificados aumentan drásticamente la probabilidad de fallos estructurales o encallamientos.
Consecuencias económicas y sociales
Además de la crisis ecológica, el informe subraya que un desastre de esta magnitud devastaría la economía regional. Las costas del Báltico son destinos turísticos clave y el sustento de numerosas comunidades locales dedicadas a la pesca y al comercio marítimo. Greenpeace insta a los ocho países de la UE expuestos a tomar medidas urgentes para fiscalizar estas rutas de navegación, advirtiendo que la “flota fantasma” no solo es un mecanismo de evasión política, sino una bomba de tiempo ambiental que podría comprometer la biodiversidad del norte de Europa durante décadas.








