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enero 8, 2026 | Actualizado ECT
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Groenlandia: La estrategia de cuatro fases de Donald Trump para expandir EE. UU.

El mandatario busca asegurar el control de la isla más grande del mundo mediante una táctica que incluye desde la independencia del territorio hasta el posible uso de la fuerza militar.

Escrito por Abel Cano

enero 8, 2026 | 08:03 ECT

El interés del presidente Donald Trump por Groenlandia ha dejado de ser una intención anecdótica para convertirse en una prioridad de seguridad nacional. Según informes recientes, Washington considera que el control de este territorio autónomo danés es una “necesidad absoluta” debido a su ubicación estratégica en la brecha GIUK (Groenlandia, Islandia y Reino Unido), un punto crítico para el monitoreo naval y la defensa del Atlántico Norte. La estrategia, analizada por expertos de inteligencia, sugiere un avance gradual diseñado para capitalizar las tensiones entre Nuuk y Copenhague, con el objetivo final de integrar a la isla como el estado número 51 de la Unión.

El plan de cuatro pasos comienza con una fase de influencia política, promoviendo el derecho a la autodeterminación de los groenlandeses para forzar su separación de Dinamarca. Una vez lograda la independencia, la segunda fase contempla una oferta de libre asociación que incluiría protección militar, apoyo económico y beneficios comerciales a cambio de soberanía. En la dimensión diplomática, la tercera etapa buscaría neutralizar la resistencia de los aliados europeos, utilizando las garantías de seguridad en Ucrania y las negociaciones con Rusia como moneda de cambio para que la Unión Europea acepte la influencia estadounidense sobre el Ártico.

Finalmente, asesores cercanos al mandatario han indicado que el uso de la fuerza no ha sido descartado si la diplomacia fracasa. Debido a la limitada capacidad defensiva de Groenlandia, analistas advierten que una operación militar podría ejecutarse con rapidez, aunque esto supondría una crisis sin precedentes dentro de la OTAN y una ruptura del equilibrio geopolítico global. Mientras la preocupación crece entre los habitantes de la isla, Washington parece decidido a redibujar el mapa del mundo, priorizando el control de recursos y rutas comerciales en un Ártico cada vez más accesible.

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