El comercio mundial de energía enfrenta una crisis crítica debido al bloqueo de envíos de petróleo y gas natural en el Golfo Pérsico, lo que ha disparado los precios internacionales. La región de Asia es la más vulnerable, ya que depende de las importaciones que transitan por el Estrecho de Ormuz, punto por donde pasa una quinta parte del crudo y gas licuado (GNL) del mundo. Tras el inicio de las hostilidades con Irán, el precio del barril de crudo Brent subió un 15 %, alcanzando los 84 dólares, su nivel más alto desde julio de 2024. Expertos advierten que el cierre prolongado de esta vía no solo encarecería los combustibles, sino que podría paralizar la actividad económica global y provocar desabastecimiento en las naciones más pobres.
Para potencias como China e India, el riesgo radica en el aumento de costos para el transporte y la industria, aunque Beijing cuenta con reservas estratégicas y opciones de compra en Rusia. Por otro lado, Japón y Corea del Sur dependen casi exclusivamente de las importaciones del Medio Oriente para mantener su infraestructura energética. En el sudeste asiático, países como Tailandia y Filipinas ya implementan medidas de ahorro y restricciones en el uso de vehículos oficiales ante la escalada de precios. La situación sigue siendo volátil, y la capacidad de estas economías para resistir dependerá de la duración del conflicto y de su habilidad para competir por los limitados cargamentos de combustible disponibles en el mercado internacional.








