Un estudio reciente basado en datos de la Agencia de Protección Ambiental ha encendido las alarmas en el estado de Nueva York al confirmar la presencia de plomo, arsénico, benceno y nitratos en el agua de consumo humano. La investigación, que analizó registros de los últimos cinco años, ubica a Nueva York en el puesto 18 de los estados con peor calidad de agua, con una calificación de apenas 38.9 sobre 100. Entre los hallazgos más preocupantes destaca la persistencia de los denominados químicos eternos o PFAS, vinculados directamente con enfermedades tiroideas, problemas de desarrollo y diversos tipos de cáncer, lo que representa un riesgo sanitario crítico para las familias que utilizan este recurso diariamente.
El análisis detalla que aproximadamente un tercio de los más de 8000 sistemas públicos de agua en el estado ha enfrentado medidas coercitivas recientemente debido a fallas en el control de contaminantes. Casos específicos, como el del sistema Scotia Village Water Works en el condado de Schenectady, mantienen infracciones pendientes desde 2018 relacionadas con el manejo de plomo y cobre, afectando a miles de residentes. Ante este escenario, Brockovich ha cuestionado la falta de comunicación oportuna por parte de las autoridades y ha instado a imponer castigos económicos contundentes que obliguen a las empresas de servicios públicos a priorizar la remediación de la infraestructura sobre el pago de multas insuficientes.








