Esta nueva ofensiva, identificada como la oleada 64 de la respuesta militar iniciada tras los bombardeos del 28 de febrero, alcanzó puntos críticos como el aeropuerto Ben Gurión y refinerías en las localidades de Haifa y Rishon LeZion. Según el comunicado difundido por la agencia Fars, el ataque fue calificado como exitoso y empleó una combinación de misiles balísticos de combustible sólido y líquido, además de ojivas de racimo diseñadas para dispersar submuniciones sobre áreas extensas. El uso de proyectiles de combustible sólido permitió un despliegue inmediato y difícil de detectar por los sistemas de defensa, debido a la sencillez y rapidez de su ignición en comparación con los sistemas convencionales.
Paralelamente, la tensión regional se extendió hacia las costas del mar Rojo, donde un dron impactó en la refinería de la petrolera saudí Aramco en Samref, mientras las defensas antiaéreas interceptaban un misil balístico cerca del puerto de Yanbu. El Ejército iraní advirtió que las operaciones contra las infraestructuras energéticas de sus adversarios continuarán en marcha, como represalia directa por los recientes ataques sufridos en sus propias instalaciones gasistas en el sur del país. Este incremento en las hostilidades marca una fase crítica en el conflicto, afectando no solo objetivos militares, sino también la estabilidad del suministro energético en el Medio Oriente.








