La República Islámica de Irán alcanzó este jueves siete días consecutivos sin acceso al internet global, una medida drástica implementada por las autoridades para contener las manifestaciones que cumplen diecinueve jornadas en diversas ciudades. El apagón informativo, que comenzó el pasado ocho de enero, ha impedido la difusión de imágenes sobre la represión policial y el uso de fuerza letal contra los civiles. Según reportes de organizaciones como Amnistía Internacional e Iran Human Rights, la cifra de manifestantes fallecidos ha escalado de manera dramática durante el periodo de desconexión, con estimaciones que varían entre cientos y miles de víctimas. Mientras el gobierno iraní justifica el bloqueo como una medida de seguridad nacional frente a supuestas injerencias de Estados Unidos e Israel, los ciudadanos denuncian que la falta de conectividad solo busca encubrir las violaciones a los derechos humanos.
En el ámbito internacional, la Organización de las Naciones Unidas ha calificado como horribles las cifras de muertos reportadas por activistas, instando al régimen de Teherán a restaurar las comunicaciones de inmediato. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha advertido sobre posibles acciones militares rápidas y decisivas si la violencia contra la población civil no se detiene, elevando la tensión diplomática en la región del golfo pérsico. Internamente, la economía se ha visto paralizada por la falta de servicios digitales básicos, afectando desde transacciones bancarias hasta la coordinación de suministros médicos. Pese al despliegue masivo de fuerzas de seguridad y el control de la intranet nacional, el descontento social persiste por la devaluación de la moneda y el alto costo de la vida, factores que originaron este ciclo de protestas a finales del año pasado.








