Los ejecutados, identificados como Mehdi Ghasemi, Saleh Mohammadi y Saeid Davudi, fueron ahorcados en la ciudad de Qom tras ser declarados culpables del delito de “enemistad contra Dios”. Según la agencia oficial Mizan, el Tribunal Supremo confirmó las sentencias bajo cargos de asesinato y espionaje en favor de potencias extranjeras. Los hechos que motivaron la condena se remontan al 8 de enero, cuando supuestamente atacaron con armas blancas a efectivos del orden en dos puntos de la ciudad. El Poder Judicial subrayó que los procesados confesaron su participación y reconstruyeron el crimen durante las etapas legales del juicio.
Estas ejecuciones se producen en un contexto de alta tensión tras la represión de las protestas antigubernamentales de inicio de año, que dejaron un saldo de miles de fallecidos y decenas de miles de detenidos según organismos internacionales. Cifras de la ONU indican que Irán incrementó en un 50 % el número de ejecuciones durante el 2025, alcanzando las 1500 personas ahorcadas. Organizaciones de derechos humanos continúan verificando miles de casos de arrestos y muertes ocurridas durante las movilizaciones que exigían cambios profundos en el sistema político de la República Islámica.








