Las armadas de Irán, Rusia y China se preparan para ejecutar a finales de febrero el ejercicio militar conjunto denominado “Cinturón de Seguridad Marítima” frente a las costas iraníes. Para esta séptima edición de las maniobras, Pekín ha desplazado destructores equipados con misiles de última generación hacia las inmediaciones del estrecho de Ormuz, la ruta de exportación de crudo más importante del mundo. El despliegue, que incluye unidades de la Armada iraní y del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica, busca fortalecer la coordinación en operaciones de búsqueda, rescate y seguridad marítima en una zona clave para el comercio energético global.
Este movimiento trilateral ocurre en un escenario de alta fricción con el gobierno de Estados Unidos, que recientemente movilizó un portaaviones hacia Oriente Medio. La administración de Donald Trump justificó este despliegue tras la represión de las protestas en Irán a inicios de año, centrando ahora su retórica en el control del programa nuclear de Teherán. Pese a la exhibición de fuerza militar en aguas regionales, el gobierno iraní confirmó que las negociaciones con Washington para evitar una escalada mayor continuarán en Omán, tras una primera ronda de contactos propiciada por el envío de buques estadounidenses a la zona.
El ejercicio conjunto, que se realiza de forma periódica desde 2019, consolida la cooperación estratégica entre estos tres países tanto en aguas territoriales como internacionales. Mientras las naves de guerra chinas y rusas se posicionan cerca del estrecho que conecta a los principales productores de petróleo con el mar Arábigo, la comunidad internacional observa con cautela el impacto de estas maniobras en la estabilidad del suministro de crudo. Por ahora, el equilibrio en la región depende de la dualidad entre estas demostraciones de poder naval y los canales diplomáticos que permanecen abiertos en territorio omaní.








