La guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel entró en su segunda semana con una nueva escalada de violencia. Este domingo, las fuerzas aéreas israelíes lanzaron intensos bombardeos sobre depósitos de combustible y aviones F-14 en Teherán e Isfahán, destruyendo también el cuartel general de la Fuerza Espacial de la Guardia Revolucionaria y decenas de búnkeres de municiones.
Irán respondió con misiles contra Israel —causando al menos seis heridos en un edificio— y ataques a bases estadounidenses en Kuwait y Baréin, provocando incendios en infraestructuras clave. El régimen de Teherán afirmó contar con un nuevo líder supremo (aún anónimo) tras la muerte de Alí Jamenei en los primeros días del conflicto.
El presidente Donald Trump declaró a ABC News: “Si no obtiene nuestra aprobación, no durará mucho tiempo”. El ministro iraní Abbas Araghchi advirtió que sus misiles pueden golpear bases estadounidenses en la región, aunque no territorio continental de EE.UU.
La Liga Árabe y el Consejo de Cooperación del Golfo condenaron los ataques iraníes como “imprudentes” y una amenaza a la estabilidad regional. Más de 32.000 ciudadanos estadounidenses han sido evacuados del Medio Oriente desde finales de febrero.
El conflicto, iniciado el 28 de febrero con ataques conjuntos para neutralizar capacidades nucleares y militares iraníes, ya deja cientos de muertos y miles de heridos, con temores de una crisis energética global.









