Japón ha marcado un hito en su política energética este miércoles 21 de enero de 2026. La central nuclear de Kashiwazaki-Kariwa, ubicada en la prefectura de Niigata y reconocida como la de mayor capacidad de producción a nivel global, reanudó sus funciones tras haber permanecido apagada desde el desastre de Fukushima en marzo de 2011. El portavoz de Tokyo Electric Power (Tepco), Tatsuya Matoba, confirmó que la puesta en marcha técnica se ejecutó a las 1902 hora local (1002 GMT), iniciando con la reactivación de uno de sus siete reactores en una fase de prueba controlada.
La reactivación se produce en un clima de profunda división social. Aunque el gobernador de Niigata otorgó el permiso oficial el mes pasado, las encuestas locales revelan que un 60 por ciento de los residentes rechaza la reapertura, frente a un 37 por ciento que la respalda. Durante la jornada del martes, decenas de manifestantes protestaron bajo la nieve en las cercanías de la planta, argumentando que los habitantes de la costa del Mar de Japón asumen un riesgo desproporcionado para suministrar electricidad a la metrópoli de Tokio.
El cierre de Kashiwazaki-Kariwa fue parte del apagón nuclear masivo que sufrió Japón tras el terremoto y tsunami de 2011. Para Tepco, el reinicio de esta infraestructura es vital para reducir la dependencia de combustibles fósiles importados y estabilizar los costos energéticos. Sin embargo, para vecinos como Yumiko Abe, de 73 años, la reactivación carece de sentido humano si la seguridad de la población local sigue siendo la moneda de cambio para el desarrollo industrial del país en este año 2026.








