A sus 65 años, Jean-Claude Van Damme abrió su corazón en una reciente entrevista y habló sin filtros sobre los desafíos que enfrentó durante su juventud, mucho antes de convertirse en la estrella indiscutida del cine de acción de los años 80 y 90 con películas como Bloodsport, Kickboxer o Timecop.
El actor belga recordó que desde niño se sentía fuera de lugar por su físico delgado, lo que generaba inseguridad y lo hacía percibirse como frágil en un mundo donde la fuerza física era muy valorada. “Era muy delgado”, confesó, explicando que esa característica condicionó tanto su autoimagen como la forma en que los demás lo veían en los gimnasios y entornos de artes marciales de Europa.

A los 16 años ya competía y peleaba contra rivales bastante mayores —“con personas de 35 en los gimnasios, y no le asustaba”, dijo con humor, aclarando que probablemente tenían 25 pero “parecía que tenían más”—. Aunque reconoce que ser delgado le dio “margen de mejora” y dependía solo de él transformar su cuerpo, esa etapa forjó una disciplina extrema, pero también una autoexigencia que lo persigue hasta hoy.
Van Damme insistió en que detrás de su fama como héroe invencible y musculoso se esconde una personalidad mucho más compleja: “La gente no sabe lo sensible que soy”. Reveló que en los sets de filmación siente una presión enorme porque “hay mucha gente mirándote” y no se permite cometer errores. “Siento que no puedo fallar, quiero hacerlo todo lo mejor posible”, explicó, reconociendo que esa meta es inalcanzable y que esa exigencia viene desde sus inicios en las artes marciales, donde siempre buscaba superarse.

Esa misma sensibilidad lo lleva a conectar profundamente con los equipos de trabajo: al llegar a un rodaje, lo primero que hace es conocer a todas las personas y prestar atención a los detalles humanos.
Sin embargo, esa autoexigencia también tuvo un costo personal alto. El actor admitió que su vida amorosa ha sido un “desastre” por esa misma insatisfacción constante y por las barreras que crea en las relaciones íntimas. A lo largo de los años ha enfrentado cinco matrimonios, episodios de bipolaridad y problemas con la cocaína, luchas que contrastan fuertemente con la imagen pública de héroe imbatible.

Con esta confesión, Van Damme invita a mirar más allá de los músculos y las patadas espectaculares, mostrando que incluso las grandes estrellas del cine de acción cargan con inseguridades, vulnerabilidades y una sensibilidad que pocas veces se visibiliza.








