El inicio de la semana escolar en el régimen Costa ha estado marcado por una profunda reorganización en la jornada nocturna para cumplir con el toque de queda vigente. Estudiantes como Vanessa Sánchez, quien debe alternar sus estudios con el cuidado de sus hijos, ahora enfrentan una carrera contra el reloj, ya que las clases concluyen a las 21:00 para asegurar que el alumnado regrese a sus hogares antes de la restricción de las 23:00. Este ajuste busca mitigar los problemas de movilidad derivados de la escasa oferta de transporte público en horas de la noche, obligando a muchos jóvenes y adultos a utilizar medios alternativos como bicicletas o transporte informal para no interrumpir su formación académica.
Desde la dirección de los planteles se ha optado por reducir la duración de las horas pedagógicas y priorizar las materias del tronco común para no afectar la malla curricular esencial. El rector Luis Escobar explicó que se descartó la modalidad virtual debido a que no todos los estudiantes cuentan con los recursos tecnológicos necesarios, ratificando la presencialidad bajo estrictos protocolos de seguridad. A pesar de los esfuerzos institucionales por salvaguardar la integridad de la comunidad educativa, docentes y alumnos reportan que la falta de unidades de transporte sigue siendo el principal obstáculo, lo que ha derivado en esperas prolongadas en la vía pública y, en algunos casos, en la deserción temporal de estudiantes que residen en sectores alejados.








