Kanye West, también conocido como Ye, regresó a los escenarios mexicanos después de casi dos décadas de ausencia con un concierto que quedará en la memoria de miles de fans. El rapero se presentó el viernes 30 de enero en la Monumental Plaza de Toros México (antes conocida como Plaza de Toros México), en la primera de dos fechas programadas, ante un público que superó los 40,000 asistentes.
La noche incluyó un recorrido por su extenso catálogo: desde clásicos como “Jesus Walks”, “Through the Wire”, “Good Life”, “Homecoming”, “All of the Lights” y “Stronger”, hasta temas más recientes como “Ghost Town”, “Carnival”, “Bully” y una versión inesperada de “Everybody” de Backstreet Boys. La producción fue minimalista, sin grandes estructuras ni efectos excesivos, apostando por el espacio abierto y una iluminación impactante que resaltó la energía cruda del show.
Sin embargo, el momento más comentado y viral de la velada no fue ninguno de sus hits, sino la aparición sorpresa de su hija mayor, North West, de 12 años, fruto de su relación con Kim Kardashian. La adolescente subió al escenario sin previo aviso y participó en varias canciones junto a su padre: interpretaron “Only One” (un tema muy personal que Kanye dedicó originalmente a su madre), “Carnival”, “Ghost Town” y partes de “Talking / Once Again” (de su colaboración en Vultures 1).

El clímax llegó cuando North West presentó en vivo por primera vez su propia canción, “Piercing on my hand”, marcando su debut oficial en un escenario ante decenas de miles de personas. La joven lució un yomper negro y una llamativa melena verde agua (o azulada según algunas descripciones), proyectando una imagen segura y carismática que sorprendió a los presentes.
El momento padre-hija generó una ola de reacciones en redes sociales, con videos y fotos circulando rápidamente. Fans destacaron la emotividad del dueto y el orgullo evidente de Kanye al compartir el escenario con su hija, quien ya había colaborado previamente en grabaciones pero nunca en un show en vivo de esta magnitud.
Este concierto representa no solo el regreso de Ye a México desde 2008, sino también un capítulo familiar en medio de su carrera. La segunda fecha, el sábado 31 de enero, también generó expectativa por posibles repeticiones de este emotivo gesto.
Con este show, Kanye West demuestra una vez más su capacidad para sorprender y conectar con el público, fusionando su legado musical con momentos personales que trascienden la fama.









