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En un episodio revelador de The Kardashians, la estrella de reality Kim Kardashian abrió su corazón sobre uno de los momentos más emblemáticos de su carrera: su aparición en la Met Gala de 2022, donde deslumbró con el legendario vestido de Marilyn Monroe. Sin embargo, lo que parecía un triunfo absoluto de estilo se ha convertido en su mayor “qué hubiera pasado si”, y no por la prenda en sí, sino por un detalle capilar que hoy la hace reflexionar.
Kardashian, conocida por sus elecciones audaces en la alfombra roja, admitió ante las cámaras que pintarse el cabello de rubio platinado fue un error que aún la persigue. “No sé por qué, pero todos me decían: ‘No te hagas el pelo a lo Marilyn, parecerás una figura de cera de Marilyn’.

Solo queríamos ser rubias. Debería haber sido morena, como Jackie O’Neill”, confesó la empresaria durante la conversación con su estilista Chris Appleton. Cuatro años y medio después del evento, Kim sigue atormentada por esa decisión: “De hecho, lo he retocado con Photoshop de 500 maneras diferentes después, como el año pasado, para ver. Porque he torturado a Chris Appleton por esta decisión”. Mientras hojeaba fotos en su teléfono, se cuestionó en voz alta: “¿Debería haber sido un rubio estilo Marilyn… o más bien un oscuro estilo Jackie O? Cualquiera de los dos habría funcionado”.

El look en cuestión no fue cualquier atuendo. Se trataba del histórico vestido cristalino que Marilyn Monroe lució en 1962 para cantar “Happy Birthday, Mr. President” al entonces presidente John F. Kennedy, una prenda que se subastó en 2016 por la astronómica cifra de 4.8 millones de dólares y que ahora forma parte de la colección del Museo de Ripley’s. Para poder usarlo, Kardashian enfrentó un desafío extremo: el original, demasiado frágil para alteraciones, requirió una réplica para las pruebas.
La socialité reveló que bajó siete kilos en apenas tres semanas mediante un régimen brutal que incluyó trajes de sauna dos veces al día, sesiones intensas en la cinta de correr y una dieta estricta a base de verduras y proteínas, sin carbohidratos ni azúcares. “Fue como aceptar un papel para una película”, comparó Kim, quien solo lució el vestido auténtico durante los minutos iniciales de la gala antes de cambiarse por la copia para evitar daños.
La elección generó un torbellino de opiniones divididas.

Por un lado, fans y expertos aplaudieron el homenaje a un ícono de la cultura pop, viéndolo como un puente entre la era dorada de Hollywood y la influencia contemporánea de Kardashian. Por el otro, llovieron críticas en redes sociales: algunos acusaron a la celebridad de poner en riesgo una reliquia histórica, mientras que otros cuestionaron el mensaje implícito de su transformación física, tachándolo de promover estándares de belleza inalcanzables y dietas extremas.
Hoy, con el paso del tiempo, Kardashian mira hacia atrás con una madurez que solo las lecciones de la fama pueden traer. Este arrepentimiento capilar no empaña el legado de su noche en la Met Gala, pero sí humaniza a una de las figuras más escrutadas del entretenimiento. ¿Veremos un “look Jackie O” en futuras galas? Solo el tiempo —y quizás otro episodio de The Kardashians— lo dirá.









