La escalada militar en Irán, detonada el pasado 28 de febrero, ha generado un efecto dominó que paraliza el deporte internacional. La muerte del líder supremo iraní y la inestabilidad en el Golfo Pérsico han forzado a federaciones como la de Catar a suspender toda actividad, dejando en el aire la celebración de la Finalissima entre Argentina y España programada en Doha. Mientras la FIFA y la UEFA evalúan sedes alternativas en Europa o Estados Unidos, la Federación de Irán ya califica como “poco probable” su participación en el próximo Mundial, sumando una nueva crisis para el organismo que preside Gianni Infantino.
El impacto no se limita al fútbol; el automovilismo y el tenis también sufren las consecuencias. En Bahréin, se cancelaron pruebas de neumáticos de la Fórmula 1 tras el impacto de un misil cerca del circuito, mientras que tenistas de élite como Daniil Medvedev esperan ser evacuados de la región. Con restricciones aéreas y cierres de ligas nacionales en Irán y países vecinos, el mundo del deporte se mantiene en vilo ante una situación geopolítica que amenaza con boicots y cambios drásticos en la planificación de los grandes eventos de 2026.








