Semanas antes de su captura, Nicolás Maduro estaba convencido de que Estados Unidos no recurriría a la fuerza militar. Según un reportaje publicado este miércoles por The New York Times, esta falsa sensación de seguridad surgió tras una llamada telefónica mantenida con Donald Trump el 21 de noviembre de 2025. En una conversación de menos de diez minutos, marcada por un tono inusualmente cordial y bromas sobre la apariencia física de Maduro, el líder chavista interpretó la distensión como una señal de que la vía negociada aún era posible. Sin embargo, para Trump, la llamada tuvo el efecto opuesto: se convenció de que Maduro no tomaba en serio los ultimátums de Washington, especialmente ante las apariciones públicas del venezolano cantando y bailando en medio de la crisis.
El rotativo neoyorquino detalla que la Casa Blanca lanzó una última oferta de salida el 23 de diciembre, utilizando a Turquía como puente mediador. La propuesta era clara: Estados Unidos garantizaba no perseguir judicialmente a Maduro ni confiscar su patrimonio si aceptaba exiliarse de inmediato. Maduro, quien en ese momento barajaba la posibilidad de adelantar las elecciones para 2026 con un sucesor chavista, rechazó la oferta, lo que activó los preparativos finales del Pentágono. El operativo, retrasado brevemente por el mal clima en Caracas, se ejecutó finalmente el primer fin de semana de enero.
El informe también arroja luz sobre las tensiones internas en el palacio de Miraflores. Maduro había comenzado a desconfiar de su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, a quien consideraba demasiado pragmática y con un control excesivo sobre el erario público. Irónicamente, mientras Maduro era capturado, Rodríguez —quien se encontraba de vacaciones en la isla de Margarita— recibió una advertencia directa de Estados Unidos para cooperar y evitar una ofensiva mayor. Tras regresar a la capital, asumió la presidencia interina con el visto bueno de Washington, consolidando el giro político que Maduro intentó evitar hasta sus últimos días en el poder.








