Lanzhou, la capital de la provincia de Gansu, se consolida como un punto de referencia para los viajeros que buscan autenticidad en el oeste de China. Su ubicación privilegiada a orillas del río Amarillo le otorga una identidad única, donde destacan atractivos como el parque de la montaña de la pagoda blanca y el museo provincial de Gansu. La ciudad ha captado la atención internacional no solo por sus paisajes fluviales y colinas áridas, sino también por ser un nodo histórico fundamental de la antigua Ruta de la Seda, facilitando el intercambio cultural entre oriente y occidente a través de los siglos.

La apuesta turística de la urbe se refuerza con su oferta gastronómica, encabezada por los célebres fideos de res hechos a mano que son un emblema nacional. Gracias a recientes inversiones en infraestructura y transporte, Lanzhou se posiciona como la puerta de entrada ideal para explorar los circuitos tradicionales y menos conocidos del gigante asiático. Esta modernización busca atraer a un perfil de visitante interesado en la historia milenaria y en experiencias directas con las raíces culturales de la región, combinando la hospitalidad local con una logística eficiente para el turismo global.








