Costa Rica ha dado un giro histórico este domingo 1 de febrero de 2026. Laura Fernández, candidata del oficialista Partido Pueblo Soberano (PPSO) y heredera política del actual mandatario Rodrigo Chaves, se ha convertido en la presidenta electa al superar ampliamente el umbral del 40% necesario para evitar el balotaje. Con un discurso centrado en la “mano dura” contra el narcotráfico y la promesa de emular las tácticas de seguridad de Nayib Bukele, Fernández capturó el descontento de una población golpeada por una tasa récord de homicidios que alcanzó los 17 por cada 100.000 habitantes durante la gestión saliente.
El triunfo de Fernández, quien asumirá el cargo el próximo 8 de mayo, no solo consolida el poder de la derecha en la región, sino que plantea una reforma profunda del Estado costarricense. Su victoria sobre el socialdemócrata Álvaro Ramos (33,18%) fue celebrada con caravanas turquesas en San José, mientras figuras internacionales como el propio Bukele fueron los primeros en felicitarla. No obstante, su propuesta de construir una “megacárcel” y declarar estados de excepción en zonas conflictivas ha encendido las alarmas de la oposición y de figuras como el Nobel Óscar Arias, quienes temen un deslizamiento hacia el autoritarismo.








