En la Península de Santa Elena, las leyendas urbanas reviven cada octubre con historias que combinan misterio, superstición y terror. Una de las más conocidas es la del edificio El Tiburón, en Chipipe (Salinas), donde el ascensor nunca se detiene en el piso 13.
Vecinos aseguran que, desde una supuesta “fiesta de brujas” celebrada en 1978, el número fue eliminado tras un evento inexplicable que involucró a un hombre disfrazado de minotauro, quien —según el mito— resultó ser “el mismísimo diablo”.
Con el paso de los años, el relato ha pasado de generación en generación, convirtiéndose en una de las historias más populares del Halloween peninsular. Aunque nadie ha podido probar su veracidad, el ascensor del edificio sigue sin marcar el piso maldito.
Lo cierto es que el piso 13 del edificio sigue abandonado, han pasado casi 50 años y el misterio sigue siendo el único habitante del lugar.








