La legendaria esquiadora estadounidense Lindsey Vonn, de 41 años, compartió un crudo relato sobre su grave lesión sufrida el 8 de febrero durante la final de descenso femenino en los Juegos Olímpicos de Invierno Milano-Cortina 2026, en Italia. A solo 13 segundos de iniciar su bajada, perdió el control, chocó contra una puerta y cayó violentamente, fracturándose de forma compleja la tibia y el peroné, rompiéndose el tobillo derecho y el ligamento cruzado anterior.
El impacto provocó un síndrome compartimental: acumulación de sangre que aplastó músculos, nervios y tendones. “Básicamente lo aplasta todo y muere”, explicó Vonn en un video desde Colorado. Evacuada en helicóptero, fue intervenida de urgencia en Italia (cuatro cirugías) y una quinta en EE.UU. El doctor Tom Hackett realizó una fasciotomía de más de seis horas: “Abrió ambos lados de mi pierna, la dejó respirar y me salvó de ser amputada”.
Vonn, quien había competido pese a una reciente rotura de LCA, mostró radiografías con placas y tornillos: “Ahora soy biónica de verdad”. Estuvo en cuidados intensivos, recibió transfusión por baja hemoglobina y permanece en silla de ruedas. Necesitará cerca de un año para que los huesos sanen y evaluará reparar el LCA. La multicampeona (oro olímpico 2010, 84 victorias en Copa del Mundo) agradeció al equipo médico y admitió: “Mi lesión fue mucho más severa que una simple fractura. Sigo asimilando el camino por delante”.









