Nicolás Maduro se ha convertido en el tercer mandatario de América Latina en ser presentado ante un tribunal federal estadounidense para enfrentar cargos criminales. Este proceso judicial lo sitúa en la misma lista histórica que ocupan el panameño Manuel Antonio Noriega y el hondureño Juan Orlando Hernández, ambos juzgados por delitos relacionados con el narcotráfico. La comparecencia de Maduro en Manhattan marca un punto de inflexión en la política exterior de Washington, que ha intensificado sus acciones legales contra líderes extranjeros señalados de liderar organizaciones criminales transnacionales desde el ejercicio del poder político.
A diferencia de sus predecesores, la detención de Maduro ocurrió en un contexto de conflicto militar activo y tras años de sanciones económicas contra su gobierno. Los fiscales estadounidenses sostienen que el mandatario venezolano lideró el denominado Cartel de los Soles, facilitando el transporte de grandes cargamentos de cocaína hacia el norte del continente. El juicio actual no solo busca determinar su responsabilidad penal individual, sino que también pretende desmantelar las redes logísticas que, según las investigaciones del Departamento de Justicia, operaron bajo la protección del Estado venezolano durante más de dos décadas de mandato.








