Un hallazgo geológico sin precedentes bajo la caldera volcánica de McDermitt ha posicionado a Estados Unidos como el nuevo epicentro de la minería de litio a nivel global. El yacimiento, formado hace 16 millones de años tras una erupción masiva, alberga concentraciones del mineral que desafían los estándares industriales: mientras que los depósitos habituales contienen un 0,4% de litio en sus arcillas, McDermitt presenta una concentración del 2,4%. Este factor no solo multiplica la eficiencia de la extracción, sino que reduce significativamente la generación de residuos por cada tonelada procesada, consolidando al sitio como el tesoro tecnológico más valioso de Norteamérica.
El origen de esta riqueza mineral se debe a un proceso milenario en el que un antiguo lago alcalino transformó las cenizas volcánicas en arcillas ricas en litio, posteriormente enriquecidas por fluidos hidrotermales. Para la administración estadounidense, este yacimiento representa la oportunidad de acortar las cadenas de suministro y reducir la dependencia de mercados asiáticos y sudamericanos. Sin embargo, el proyecto de minería a cielo abierto ha generado un intenso debate ético. Comunidades indígenas locales denuncian lo que denominan “colonialismo verde”, argumentando que la transición hacia energías limpias no debe realizarse a costa de la ocupación de territorios sagrados y la alteración de sus ecosistemas.








