Aldrich Ames, el oficial de contrainteligencia cuya traición desmanteló la red de espionaje estadounidense en el bloque soviético, falleció este lunes 5 de enero de 2026 a la edad de 84 años. La Agencia Federal de Prisiones confirmó el deceso del exagente, quien cumplía una condena de cadena perpetua sin libertad condicional desde 1994. Durante sus 31 años de carrera en la CIA, Ames escaló hasta la jefatura de la rama soviética, posición desde la cual entregó información clasificada que resultó en el compromiso de decenas de operaciones secretas y la ejecución de al menos una docena de agentes dobles que servían a Washington.
La caída de Ames marcó un antes y un después en los protocolos de seguridad de Langley. Junto a su esposa Rosario, Ames recibió pagos superiores a los 2,5 millones de dólares por parte del KGB y su sucesor, el SVR. El escándalo estalló cuando el lujoso estilo de vida de la pareja —que incluía un vehículo Jaguar, cuentas en Suiza y gastos excesivos en tarjetas de crédito— resultó incompatible con su salario de funcionario público. Su labor de desinformación fue tan profunda que los presidentes Ronald Reagan y George H. W. Bush recibieron reportes estratégicos sesgados sobre las capacidades militares soviéticas, basados en los datos falsos que Ames suministraba para proteger a sus manejadores en Moscú.
El impacto político del caso Ames fue devastador: provocó la dimisión del entonces director de la CIA, James Woolsey, y tensó las relaciones diplomáticas entre el gobierno de Bill Clinton y el Kremlin en la era post-soviética. Mientras Washington calificaba el daño como “extremo”, la diplomacia rusa minimizaba el hecho tildando la reacción estadounidense de “emocional”. Con su muerte en custodia, se cierra uno de los capítulos más oscuros del espionaje moderno, dejando un legado de reformas en el control de confianza y el monitoreo financiero de los agentes de inteligencia en todo el mundo.








