La documentación analizada para la salida a bolsa de SpaceX revela una estructura de gobernanza que garantiza a Elon Musk un control absoluto sobre su permanencia en la compañía. Según el extracto de la OPI, el magnate solo podrá ser removido de sus cargos de presidente ejecutivo y presidente del directorio mediante el voto de los titulares de acciones de clase B. Debido a que estas acciones otorgan diez votos por cada título y estarán bajo el control mayoritario del propio Musk, su destitución dependerá exclusivamente de su consentimiento personal, eliminando la autoridad convencional del consejo de administración.
Expertos en derecho corporativo han señalado que este nivel de blindaje es inusual, incluso para empresas tecnológicas dirigidas por sus fundadores. A diferencia de Tesla, donde existe una sola clase de acciones, SpaceX adoptará un sistema dual que limita drásticamente la capacidad de los inversionistas públicos para influir en las decisiones corporativas o en la elección de directores. Esta disposición asegura que, mientras Musk mantenga su participación accionaria, tendrá un poder de veto efectivo sobre cualquier intento de terceros por modificar la cúpula directiva de la empresa aeroespacial.








