Este miércoles 4 de febrero de 2026, el panorama geopolítico de la región dio un giro significativo tras la histórica reunión de dos horas entre Gustavo Petro y Donald Trump. El ministro de Defensa de Colombia, Pedro Sánchez, detalló que ambos mandatarios acordaron una ofensiva militar conjunta sin precedentes para capturar o neutralizar a los tres máximos cabecillas que controlan el tráfico de cocaína en la frontera: alias “Iván Mordisco” (disidencias de las FARC), “Chiquito Malo” (Clan del Golfo) y “Pablito” (ELN). El acuerdo marca el fin de meses de tensiones retóricas, transformando la relación en una cooperación pragmática donde Estados Unidos aportará inteligencia de alto nivel y Colombia ejecutará la fuerza en su territorio.
Un punto disruptivo de este nuevo plan es la invitación formal a Venezuela, actualmente bajo el liderazgo de Delcy Rodríguez tras la captura de Nicolás Maduro en enero. El ministro Sánchez enfatizó que, debido a que estos capos suelen refugiarse al otro lado de la frontera, la integración de las fuerzas venezolanas es vital para evitar “zonas de refugio” criminal. Bajo la soberanía de cada nación, se busca crear un cerco coordinado que permita actuar en tiempo real contra los grupos que, según denuncias previas, operaban bajo el amparo del anterior sistema corrupto. Sánchez aclaró que esta invitación busca una “acción conjunta” que respete las jurisdicciones pero multiplique la efectividad de la inteligencia naval y aérea.
Pese a sus profundas diferencias ideológicas, la sintonía entre Petro y Trump sorprendió a los analistas en Washington. El presidente estadounidense, quien llegó a llamar a su homólogo “genial” durante el encuentro, destacó la franqueza de la conversación, mientras que Petro subrayó que ambos coinciden en que las sanciones tradicionales no son el camino más racional para derrotar al narcotráfico. Esta nueva “línea de esfuerzo” tripartita (Colombia, EE. UU. y la invitación a Venezuela) pretende desmantelar la estructura financiera de los carteles en un plazo récord, aprovechando el despliegue tecnológico que Washington ya mantiene en la zona del Caribe desde finales de 2025.








