La residencia que sirvió como hogar de Walter White en la aclamada producción televisiva ajustó su valor de mercado tras permanecer un año sin ofertas concretas. Inicialmente, la dueña Joanne Padilla pretendía comercializarla como una pieza de colección de Hollywood, pero las restricciones de zonificación impidieron proyectos comerciales como la creación de un museo. Ante la imposibilidad legal de explotar el inmueble de forma turística en un barrio residencial, la agencia inmobiliaria Keller Williams Realty decidió fijar el costo según el valor real de las viviendas de la zona.

El inmueble posee mil novecientos pies cuadrados distribuidos en cuatro dormitorios y un baño, manteniendo la fachada original que la hizo famosa a nivel mundial. A pesar de la reducción del noventa por ciento en su precio inicial, los agentes encargados de la venta sugieren que el atractivo cultural de la propiedad podría generar una rápida transacción. Aunque no puede funcionar como sitio de exhibición pública, los nuevos propietarios tendrían la opción de habitarla o proponer usos alternativos que respeten las normas locales de convivencia en el vecindario.









