La tensión entre Washington y Teherán ha alcanzado un punto de ebullición. Según informes revelados por The New York Times este lunes 23 de febrero de 2026, el presidente Donald Trump ha instruido a sus asesores para preparar opciones militares de gran escala en caso de que la diplomacia falle. El anuncio surge a pocos días de la reunión “in extremis” programada para este jueves en Ginebra, donde ambas potencias intentarán un acuerdo de desarme nuclear definitivo. Sin embargo, la movilización de dos grupos de portaaviones y decenas de aviones de combate hacia la zona de ataque sugiere que la Casa Blanca está lista para pasar a la acción si no hay concesiones inmediatas.
El plan de escalada: De la advertencia al cambio de régimen
Las deliberaciones dentro de la Administración Trump plantean una estrategia de presión militar dividida en fases críticas:
- Ataque de advertencia: Se baraja una ofensiva inicial en los próximos días contra objetivos estratégicos como la sede del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria, centros de misiles balísticos e instalaciones nucleares. El fin es demostrar a Teherán que la renuncia a la capacidad nuclear es innegociable.
- Operación de derrocamiento: Si Irán no cede, Trump ha dejado abierta la posibilidad de un ataque masivo a finales de año con el objetivo explícito de expulsar del poder al ayatolá Ali Jameneí.
- Dudas estratégicas: Analistas del Pentágono cuestionan si un cambio de régimen de tal magnitud puede lograrse únicamente mediante ataques aéreos, o si requeriría una intervención de mayor envergadura.
La “vía de escape” de última hora
A pesar de los tambores de guerra, una propuesta técnica en Ginebra podría evitar el conflicto armado. Se trata de un programa de enriquecimiento nuclear extremadamente limitado, destinado exclusivamente a la investigación científica y tratamientos médicos. Esta opción permitiría a Irán mantener cierta capacidad técnica bajo supervisión estricta, salvando la cara ante la comunidad internacional. No obstante, la viabilidad de este plan es incierta frente a la postura de “máxima presión” que ha caracterizado el regreso de Trump a la presidencia en este 2026.








