La histórica ambición de Estados Unidos por controlar Groenlandia ha dado un paso decisivo este lunes 26 de enero de 2026. Tras una reunión estratégica entre el presidente Donald Trump y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, se acordó que las bases militares estadounidenses en la isla serán consideradas territorio soberano de Estados Unidos. Este pacto otorga a Washington una libertad sin precedentes para ejecutar operaciones militares en el Ártico y ha servido para que el mandatario republicano suspenda las amenazas de aranceles del 25% contra Dinamarca y otros aliados europeos como Alemania, Francia y Suecia.
Este interés no es nuevo: en 1910 se frustró un complejo intercambio diplomático que incluía a Filipinas y Alemania, y en 1946, la administración de Harry S. Truman ofreció 100 millones de dólares sin éxito. Hoy, el valor estratégico de la isla se ha disparado debido a sus reservas de minerales críticos como litio, neodimio y disprosio, valoradas entre 2 y 4 billones de dólares. Con el control soberano de sus bases, Estados Unidos busca contrarrestar el dominio de China en el mercado de tierras raras y asegurar una posición dominante en una región clave para la seguridad global y la transición tecnológica.








