El Comando Sur de los Estados Unidos ha intensificado sus maniobras en aguas del Caribe mediante el despliegue del USS Gerald R. Ford, el portaaviones más grande y tecnológicamente sofisticado de la historia. Como buque insignia de la operación Southern Spear, lanzada por el Departamento de Guerra, la nave funciona como el centro neurálgico para misiones de interdicción marítima y aérea. Desde su llegada a las costas cercanas a Venezuela en agosto de 2025, esta poderosa plataforma ha sido fundamental para consolidar el control regional, especialmente tras la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero.
La capacidad del portaaviones destaca especialmente en operaciones nocturnas de alta complejidad. El pasado 7 de enero de 2026, equipos tácticos de la Guardia Costera e infantes de Marina ejecutaron procedimientos de “derecho de visita” (right of visit) bajo iluminación roja de baja visibilidad para inspeccionar embarcaciones sospechosas en aguas internacionales. Estas misiones buscan neutralizar la denominada “flota fantasma” de buques petroleros sancionados y desmantelar redes logísticas de actores que Washington califica como hostiles para la seguridad del hemisferio.
Con una tripulación y arsenal de innovaciones diseñadas para misiones prolongadas, el Ford representa la máxima presencia militar estadounidense en la región en décadas. El Comando Sur ha sido enfático en sus comunicaciones oficiales, asegurando que la coordinación interinstitucional entre el Departamento de Guerra y sus socios internacionales garantiza que ningún actor malicioso tenga presencia en la zona. La operatividad ininterrumpida de este coloso naval asegura una respuesta inmediata ante cualquier amenaza, manteniendo una vigilancia constante sobre el tráfico marítimo que entra y sale de los puertos venezolanos.








