El sistema de refinación de Venezuela ha comenzado a acumular grandes volúmenes de combustibles residuales como consecuencia directa del bloqueo naval y las restricciones comerciales impuestas por el gobierno de Estados Unidos. La imposibilidad de exportar estos derivados del petróleo a sus mercados habituales ha saturado los tanques de almacenamiento en los principales complejos industriales del país. Esta situación técnica representa un riesgo operativo crítico, ya que la saturación de los residuos impide que las plantas continúen con el procesamiento normal de crudo, afectando el suministro interno y la estabilidad económica.
Analistas del sector energético señalan que el cerco marítimo ha dificultado la logística de transporte, dejando a decenas de buques sin posibilidad de carga o descarga en terminales internacionales. Ante la falta de salida para el fueloil y otros subproductos pesados, las autoridades petroleras venezolanas han tenido que implementar planes de contingencia para evitar un colapso total de la producción. La crisis logística no solo impacta la generación de ingresos por exportación, sino que también complica la operatividad de las termoeléctricas que dependen de estos insumos para garantizar el servicio de energía eléctrica nacional.








