La tranquilidad de la avenida principal de Miraflores, en el norte de Guayaquil, se ha visto fracturada por una ola creciente de extorsiones e intimidaciones. Testimonios recogidos por EL UNIVERSO este 26 de febrero revelan que los propietarios de negocios viven bajo el asedio de bandas delictivas que exigen altas sumas de dinero a cambio de no atentar contra sus vidas o las de sus familias. En un caso reciente reportado ante la Fiscalía, el dueño de un taller denunció haber recibido mensajes de WhatsApp donde le exigían 10.000 dólares, bajo la amenaza de conocer sus movimientos y los de sus hijos.
La modalidad de las “vacunas” ha forzado el cierre de establecimientos emblemáticos en la zona. Los residentes relatan los siguientes incidentes:
- Abandono de locales: Un negocio de comida rápida que operaba en 2025 tuvo que cerrar y poner el local en alquiler luego de que le exigieran un pago inicial de 5.000 dólares más cuotas mensuales.
- Ataques en grupo: Hace un mes, una lavadora de vehículos fue rodeada por 8 motocicletas y un automóvil; los sujetos exigían 500 dólares bajo la amenaza de “empezar a matar gente”.
- Origen del delito: Habitantes del sector aseguran que los antisociales descienden desde el cerro de Mapasingue para cometer estos delitos y luego huir hacia zonas de difícil acceso.
Desventaja operativa y retiro de patrullaje
La comunidad ha expresado su preocupación por la disparidad de recursos entre los delincuentes y la fuerza pública. Comerciantes señalan que, mientras los extorsionadores circulan en vehículos con vidrios oscuros y están bien armados, los agentes policiales suelen patrullar en bicicleta, lo que limita su capacidad de respuesta. Además, los vecinos denuncian que las camionetas de Segura EP, que anteriormente realizaban rondas frecuentes, han desaparecido del sector desde hace aproximadamente dos semanas.
Aunque existe un chat comunitario conectado con la Policía, los moradores exigen que se intensifiquen los patrullajes en camionetas y vehículos motorizados. “Pido protección para mi familia y mis colaboradores”, sentenció una de las víctimas, reflejando el sentir de un barrio que, pese a estar en una zona céntrica del norte, se siente vulnerable ante el avance de la delincuencia organizada.








