El Ejército israelí ejecutó la Operación Rugido del León, un ataque quirúrgico que desmanteló la estructura de mando iraní en apenas sesenta segundos. Entre las bajas confirmadas, además del líder supremo Ali Jameneí, figuran el ministro de Defensa, Aziz Nasirzadeh, y el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, Abdorrahim Musaví. Este golpe estratégico fue posible gracias a la cooperación estrecha con la CIA, que proporcionó los datos exactos sobre la reunión de emergencia que mantenían los líderes en un búnker de la capital iraní. Para las autoridades de Israel, este suceso representa el fin del arquitecto de la estrategia de expansión regional y hostilidad contra su soberanía.

La respuesta de Teherán no se ha hecho esperar, con lanzamientos masivos de misiles que han activado las sirenas en Tel Aviv y Jerusalén. Por su parte, el presidente estadounidense Donald Trump ha manifestado que cualquier intento de venganza será respondido con una fuerza bélica sin precedentes históricos. Este evento marca el punto más crítico de la nueva guerra desatada en la región, superando en impacto a las eliminaciones previas de líderes de milicias aliadas en Líbano y Gaza durante los últimos años. La coordinación militar entre Washington y Jerusalén ha sido descrita por fuentes castrenses como un hito táctico que altera definitivamente el equilibrio de poder en el golfo pérsico.
Fuente: EFE








