El Ejército israelí anunció este lunes el inicio de una nueva oleada de ataques a gran escala dirigidos contra infraestructuras del régimen iraní en Teherán, Isfahán y el sur de Irán. Esta ofensiva se produce en el contexto de las operaciones conjuntas con Estados Unidos y representa la segunda incursión de importancia en una sola jornada. Previamente, las fuerzas israelíes informaron haber bombardeado el cuartel general de la Fuerza Aérea de la Guardia Revolucionaria, instalación desde la cual se coordinan las flotas de drones y el lanzamiento de misiles balísticos hacia el exterior.
Durante el fin de semana, la fuerza aérea alcanzó 400 objetivos militares en el oeste y centro de Irán, incluyendo plantas de producción de armas y, por primera vez, depósitos de combustible en la capital. Estos ataques han generado consecuencias civiles inmediatas, con el reporte de al menos cuatro fallecidos y una crisis de suministros que ha obligado a las autoridades locales a racionar la gasolina a 20 litros por persona. Además, Teherán permanece bajo una densa nube tóxica producto de la combustión de los depósitos alcanzados por los proyectiles.
En paralelo, la situación en el Líbano presenta un panorama crítico debido a la campaña aérea sostenida en el sur y este del país. Según datos del Ministerio de Salud Pública libanés, la cifra de muertos asciende a 394, con un número significativo de menores de edad entre las víctimas, mientras que los heridos superan los 1130. El desplazamiento forzado de personas ha alcanzado niveles alarmantes, estimándose en 200.000 los ciudadanos que han abandonado sus hogares, mientras el grupo Hizbulá mantiene lanzamientos de impacto limitado contra el norte del territorio israelí.








