El presidente de Corea del Sur, Lee Jae-myung, manifestó este martes la postura de su Gobierno en contra de un eventual traslado de activos militares estadounidenses fuera de la península coreana. Las declaraciones surgen ante la creciente especulación mediática sobre el redespliegue de baterías del sistema antimisiles Patriot (pertenecientes a las Fuerzas Armadas Estadounidenses en Corea del Sur, USFK) para reforzar las operaciones de Washington e Israel en el conflicto contra Irán. Aunque Lee reconoció que Seúl no puede imponer totalmente su postura sobre los movimientos estratégicos de su aliado, subrayó que la defensa surcoreana permanece sólida frente a las amenazas del norte.
Informes locales y datos de rastreadores de vuelo como Flightradar 24 han detectado movimientos inusuales de aviones de transporte militar en la base aérea de Osan, al sur de Seúl. Si bien las autoridades no han confirmado si estos traslados tienen como destino el Golfo Pérsico o si forman parte del ejercicio militar conjunto Freedom Shield (FS), la incertidumbre ha generado debate sobre la capacidad de disuasión regional. El mandatario matizó que, de concretarse el traslado, el país cuenta con recursos suficientes para garantizar su seguridad nacional, minimizando el impacto que esto tendría en la estrategia frente a Pyongyang.
Reacción de Corea del Norte y contexto regional
El movimiento de tropas y equipos coincide con una nueva fase de hostilidad por parte de Corea del Norte. Kim Yo-jong, hermana del líder Kim Jong-un, advirtió este mismo martes que las maniobras Freedom Shield, programadas hasta el 19 de marzo, podrían acarrear “consecuencias terribles”. Mientras Washington y Seúl defienden estos ejercicios como estrictamente defensivos, el régimen norcoreano los interpreta como un ensayo de invasión, elevando el riesgo de incidentes en la Zona Desmilitarizada en un momento en que la atención militar de Estados Unidos se encuentra dividida entre Asia y el Medio Oriente.








