El puente B1, una de las obras de infraestructura más ambiciosas de Irán y el más alto en construcción de Oriente Medio, quedó destruido tras una serie de ataques aéreos registrados en la ciudad de Karaj, a escasos 35 kilómetros de Teherán. La estructura contaba con una columna de 136 metros y formaba parte de una autopista clave diseñada para conectar la capital con el norte del país. Tras el suceso, el mandatario estadounidense Donald Trump validó la ofensiva mediante redes sociales, instando al gobierno iraní a negociar y advirtiendo sobre nuevos ataques en caso de no alcanzar un acuerdo en el marco del conflicto iniciado a finales de febrero.
Informes de medios locales iraníes señalaron que los bombardeos se ejecutaron en dos oleadas, provocando la muerte de al menos ocho personas y dejando cerca de un centenar de heridos. La televisión estatal denunció que el segundo impacto ocurrió mientras los equipos de emergencia asistían a las víctimas de la primera explosión. Ante esta situación, el Ejército de Irán calificó la destrucción de infraestructuras civiles como un acto hostil y advirtió represalias devastadoras contra objetivos de Estados Unidos, Israel y sus aliados regionales, señalando que los países que albergan bases militares extranjeras podrían verse involucrados en la escalada.
Por su parte, el canciller Abbas Araqchi aseguró que la pérdida del puente B1, aunque representa un golpe simbólico y logístico, no doblegará la postura de su nación y que la estructura será reconstruida. El portavoz militar Ebrahim Zolfaqari reforzó la postura de defensa al exigir la retirada de fuerzas estadounidenses de la región para evitar convertir a terceros países en objetivos militares. Este incidente profundiza la crisis geopolítica actual, marcando una fase de máxima tensión donde las infraestructuras críticas se han convertido en el foco de los enfrentamientos directos entre Washington y Teherán.








