Pakistán ha desplegado un masivo dispositivo de seguridad en su capital, Islamabad, y en la vecina Rawalpindi, ante la expectativa de una nueva ronda de negociaciones directas entre Estados Unidos e Irán. Con la suspensión del transporte público y la instalación de 600 puestos de control, las autoridades buscan garantizar un entorno seguro para las delegaciones, a pesar de que la confirmación del encuentro sigue en el aire. El canciller pakistaní, Ishaq Dar, lidera los esfuerzos por “tender puentes” en un momento crítico, justo cuando el alto el fuego de dos semanas entra en su fase final antes de expirar el próximo miércoles 22 de abril.

Sin embargo, el clima diplomático se ha oscurecido tras los recientes ataques iraníes contra petroleros en el estrecho de Ormuz y la firme negativa de Teherán a entregar sus reservas de uranio enriquecido. Mientras el negociador iraní, Mohammed Bagher Qalibaf, califica de “ingenua” la postura de Washington, Donald Trump acusa al régimen de intentar “chantajear” a su gobierno mediante el bloqueo naval. Con las posiciones más alejadas que nunca, Pakistán se enfrenta al desafío de evitar una ruptura total de los diálogos que sumiría de nuevo a la región en una confrontación abierta y agravaría la crisis energética mundial.








